Sony y Microsoft estarían replanteando los plazos de lanzamiento de sus próximas consolas, popularmente apodadas PlayStation 6 y la nueva Xbox. El detonante: una escalada en el precio de la memoria que está tensando la cadena de suministro y obligando a valorar un retraso del nuevo ciclo de hardware. No hay anuncios oficiales, pero el mercado apunta a un cambio de ritmo en la transición generacional.
Por qué la memoria RAM se ha convertido en un obstáculo clave
Las consolas modernas dependen como nunca de memoria de alta velocidad para sostener gráficos avanzados, cargas más rápidas y mundos más complejos. A diferencia de generaciones pasadas, la memoria supone ahora una porción mucho mayor del coste total del hardware. Informes citados por PureXbox señalan que los precios de la RAM han subido con fuerza por la competencia con el auge de la AI y los data centers, lo que deja menos oferta disponible para dispositivos de consumo como las consolas.
Ese contexto obliga a elegir entre dos males. O bien los fabricantes asumen el incremento y venden con pérdidas, o trasladan el coste al PVP con máquinas más caras de salida. En un mercado especialmente sensible a subidas, ninguna de las dos vías resulta atractiva. Además, como recoge Meristation, la presión llega tanto en DRAM como en GDDR, empujadas por la demanda de aceleradores de AI y hardware empresarial.
Ciclos de consola más largos sobre la mesa
Fuentes próximas a la cadena de suministro aseguran que ambas plataformas se plantean alargar la generación actual en lugar de precipitar nuevos sistemas. Analistas citados por TweakTown recuerdan que PlayStation 5 y Xbox Series todavía tienen margen por exprimir, especialmente a medida que los estudios afinan motores y herramientas para el hardware vigente.
Una extensión del ciclo permitiría esperar a que los precios de la memoria se estabilicen, dar más tiempo a los desarrolladores para optimizar y reducir la presión de lanzar revisiones intergeneracionales costosas o debutar con etiquetas de precio históricamente altas.
Qué implica para jugadores y estudios
Para los jugadores, una próxima generación que llegue más tarde se traduciría en soporte prolongado para PlayStation 5 y Xbox Series durante varios años. Eso suele significar juegos mejor optimizados, menos lanzamientos a contrarreloj entre generaciones y un rendimiento más estable gracias al foco en un ecosistema conocido.
Los estudios también pueden salir ganando con ciclos más largos. Menos fragmentación de hardware y menor riesgo en producción ayudan en un contexto donde los costes de desarrollo no paran de crecer. Como apunta Eurogamer, transiciones de hardware menos frecuentes favorecen entornos de creación más saludables.
Sin retraso oficial, pero las señales son claras
Ni Sony ni Microsoft han anunciado un aplazamiento ni han puesto ventanas de lanzamiento sobre la mesa para sus próximas consolas. Ambas siguen impulsando el hardware actual con actualizaciones de software, expansiones live-service y nuevos first-party.
Aun así, la combinación de memoria más cara, una oferta tensionada por la AI y una estrategia de hardware más prudente sugiere que el ciclo tradicional podría estar virando. Que PlayStation 6 y la nueva Xbox lleguen más tarde de lo previsto es todavía una incógnita, pero el debate interno refleja una realidad cambiante en el mercado de consolas.
Contexto y lo que puede venir
Los precios de la memoria son cíclicos, pero la coyuntura actual es distinta: la carrera por la AI ha disparado la demanda de DRAM y especialmente GDDR y HBM en aceleradores y servidores, arrastrando capacidad y elevando costes en toda la cadena. Fabricantes clave como Samsung, SK hynix o Micron ajustan producción por nodos avanzados, empaquetado y rendimientos, factores que tardan en normalizarse.
Históricamente, los ciclos de consola se han movido entre los 6 y 8 años, con refrescos intergeneracionales como PS4 Pro o Xbox One X cuando tenía sentido técnico y comercial. PS5 y Xbox Series llegaron en 2020 y, con motores como Unreal Engine 5 madurando sobre el hardware vigente, todavía hay margen para mejoras notables en técnicas de render, streaming de datos y tiempos de carga. Si la memoria se abarata y la oferta se estabiliza, el siguiente salto podría llegar con mejor equilibrio entre coste, prestaciones y precio de venta.
Por ahora, todo apunta a que la actual generación seguirá protagonizando el calendario de lanzamientos a corto y medio plazo, con los fabricantes vigilando muy de cerca una variable tan decisiva como la memoria.