Publicado el 27/02/2026 por @neeonez
Microsoft Gaming entra en una nueva etapa tras la retirada oficial de Phil Spencer y la salida de Sarah Bond en pleno momento dulce para las cuentas de Xbox. La compañía nombra a Asha Sharma como nueva CEO de Microsoft Gaming justo cuando acaba de registrar ingresos récord impulsados por la integración de Activision Blizzard, un giro que pone a prueba el modelo centrado en servicios y suscripciones.
Cambio histórico en la cúpula de Xbox
Tal y como han confirmado The Verge y Pure Xbox, Phil Spencer se retira de Microsoft y Sarah Bond deja su cargo en un momento clave para la división gaming. El relevo llega con la designación de Asha Sharma como CEO de Microsoft Gaming, el primer gran reseteo directivo desde que se cerró la compra de Activision Blizzard por 69.000 millones de dólares. La magnitud del movimiento no es casual, el negocio nunca había sido tan grande.
Ingresos récord tras la integración de Activision Blizzard
En su último informe de resultados, Microsoft ha registrado un fuerte crecimiento interanual en ingresos de gaming, impulsado en gran medida por la incorporación de Activision Blizzard. Los ingresos por contenido y servicios repuntaron con fuerza y compensaron unas ventas de hardware de consola más flojas, reforzando el viraje de Xbox hacia la suscripción y la edición.
Según la compañía, Activision Blizzard aportó varios miles de millones de dólares en ingresos trimestrales, con sagas como Call of Duty impactando de forma inmediata. El negocio de videojuegos de Microsoft queda ahora más diversificado, vinculado a contenido, servicios y suscripciones recurrentes, y menos dependiente de la venta directa de consolas.
Game Pass, columna vertebral con desafíos
Bajo el liderazgo de Spencer, Xbox apostó con decisión por Game Pass como eje del ecosistema. El servicio superó los 34 millones de suscriptores antes de la adquisición de Activision y ahora integra franquicias mayores de forma directa en su canal de contenidos.
La cara B es el reto de sostener el crecimiento a largo plazo. La llegada de títulos de gran presupuesto de Activision eleva el valor percibido de la suscripción, pero también incrementa los costes. Las licencias, los presupuestos de desarrollo y el músculo de marketing deben ahora justificarse con métricas de retención y engagement, no con ventas unitarias puntuales. La nueva dirección hereda así una plataforma potente en lo financiero y compleja en lo operativo.
El legado de Spencer y Bond
Phil Spencer transformó Xbox desde la etapa complicada de Xbox One hasta un ecosistema global que abarca PC, cloud y servicios por suscripción. Sarah Bond tuvo un papel muy visible en las negociaciones regulatorias de la compra de Activision y amplió su radio de acción sobre hardware y publishing.
Sus salidas cierran una década de estrategia centrada en ganar escala por encima del margen a corto plazo. Microsoft controla hoy uno de los catálogos first party más grandes de la industria, y la continuidad en el liderazgo resulta crítica en una fase de integración que aún no ha terminado.
La nueva etapa con Asha Sharma
Asha Sharma toma el timón mientras Microsoft Gaming pasa de la fase de compras a la de consolidación y optimización. El foco está en extraer valor a largo plazo del portfolio de Activision, mantener el pulso de Game Pass en un entorno de suscripciones cada vez más competitivo y ajustar la operación para que el crecimiento sea sostenible.
Los inversores vigilarán de cerca el avance en suscriptores, las horas de juego y la rentabilidad del contenido. Aunque los ingresos se han disparado, la clave será demostrar que el modelo centrado en servicios puede generar retornos duraderos bajo la nueva dirección ejecutiva.
Qué se juega Microsoft a partir de ahora
La retirada de Spencer y la salida de Bond no apuntan a inestabilidad, sino al cierre de un capítulo de transformación profunda. La gran cuestión es la ejecución. Microsoft Gaming debe sostener el crecimiento récord mientras escala Game Pass de forma responsable y coordina una de las redes de estudios más grandes del sector.
Xbox entra en su siguiente fase más grande que nunca, aunque el cambio de liderazgo pone a prueba por primera vez una estrategia sin los arquitectos que la impulsaron.
Contexto, antecedentes e implicaciones
El salto de escala de Microsoft Gaming no empezó con Activision Blizzard. La compra de ZeniMax Media en 2021 ya puso en casa franquicias como The Elder Scrolls, Fallout y Doom, sumadas a las de Xbox Game Studios como Halo, Forza y Starfield. Con Activision Blizzard King, el grupo añade marcas de enorme tracción como Call of Duty, Diablo, Overwatch, World of Warcraft y el pilar móvil de King con Candy Crush, diversificando ingresos en consola, PC y smartphone.
La estrategia de plataforma combina catálogo propio, acuerdos de publishing y juego en la nube para ampliar el alcance más allá del ciclo de hardware. A la vez, la competencia en suscripción se intensifica con ofertas rivales y un público cada vez más sensible al precio y a la cadencia de estrenos. En ese tablero, la ejecución de Asha Sharma será determinante para equilibrar ambición de contenidos, control de costes y valor para el usuario. El desenlace marcará no solo el futuro de Xbox, también el tono de una industria que pivota con decisión hacia servicios y ecosistemas.