Publicado el 31/01/2026 por @neeonez
La campaña Stop Killing Games ha superado un hito clave en Europa tras validar más de 1,3 millones de firmas, suficientes para forzar una revisión formal por parte de la Comisión Europea. El movimiento defiende que los jugadores no deberían perder acceso a títulos adquiridos legalmente cuando las editoras cierran servidores. Con el listón oficial de la UE superado, Bruselas tendrá que pronunciarse.
Por qué nació Stop Killing Games
El creador de contenido Ross Scott impulsó la iniciativa tras una ola de cierres de juegos solo online que quedaron completamente inaccesibles al apagar sus servidores. El caso más citado es The Crew de Ubisoft, que fue retirado de las tiendas y dejó de funcionar para todos sus compradores. Para los defensores de la campaña, esta práctica equivale a revocar la propiedad tras el pago.
Según informó PC Gamer, la iniciativa ya había rebasado el umbral necesario incluso antes de finalizar la verificación definitiva, lo que garantiza el examen del caso por parte de la Comisión. Con más de 1,3 millones de firmas validadas, se trata de una de las movilizaciones de consumidores más contundentes que ha visto la industria en años.
Qué pide exactamente la campaña
La página oficial en el sitio de la Iniciativa Ciudadana Europea deja claras sus metas. No se reclama la propiedad de la propiedad intelectual ni soporte online indefinido. La propuesta se centra en soluciones prácticas de fin de vida que mantengan los juegos jugables, como modos offline o servidores gestionados por la comunidad cuando el soporte oficial se retire.
El foco político se intensifica en Europa
El movimiento ha captado la atención de legisladores europeos. Varios eurodiputados han reconocido públicamente la iniciativa y algunos ya abogan por reforzar las garantías del consumidor en compras digitales. Según GamesRadar, la Comisión Europea analizará la propuesta en los próximos meses.
Debates similares han surgido fuera de la UE. En el Reino Unido, una petición afín alcanzó el umbral exigido para su debate en el Parlamento, una señal de que la preservación del videojuego preocupa a usuarios más allá de las fronteras comunitarias y reabre la pregunta de qué significa realmente “poseer” un juego en un mercado cada vez más digital.
Resistencias en la industria y preocupaciones de los editores
Parte del sector no ve con buenos ojos la iniciativa. Asociaciones como Video Games Europe advierten que imponer medidas de fin de vida podría elevar costes y complicar desarrollos, especialmente en títulos que dependen de backends centralizados. Las editoras alertan de posibles riesgos legales y de seguridad al migrar sistemas a modos offline o a soluciones comunitarias.
Los impulsores de Stop Killing Games rechazan estos argumentos. Sostienen que los planes de monetización y los calendarios de cierre se trazan con años de antelación y que los derechos de los consumidores deben ponderarse al mismo nivel. Tal y como recuerda Eurogamer, la propuesta mira a fijar estándares para el futuro en lugar de imponer cambios retroactivos a juegos ya lanzados.
Qué hará ahora la Comisión Europea
A partir de aquí, la Comisión deberá revisar formalmente la iniciativa y emitir una respuesta oficial. El proceso incluye reuniones con organizadores, consultas con la industria y análisis jurídicos y de impacto económico, pasos que pueden alargarse durante varios meses. La Comisión no está obligada a presentar una nueva ley, pero sí a justificar públicamente su decisión. Si se avanza en regulación, el resultado podría influir en cómo las editoras diseñan, venden y retiran juegos en la UE.
Contexto y posibles implicaciones
La Iniciativa Ciudadana Europea exige al menos un millón de firmas válidas distribuidas entre varios Estados miembro con mínimos nacionales, un listón que esta campaña ha superado con holgura. El debate llega en un momento de especial sensibilidad para el consumidor, tras casos de cierres que dejaron títulos como The Crew fuera de juego para sus compradores y tras estrategias más conciliadoras en otros escenarios, como cuando algunas compañías han liberado ediciones de servidor dedicado o modos offline para evitar que sus comunidades se queden a oscuras. Ejemplos recientes de cierres de juegos solo online como Babylon’s Fall o soluciones de fin de vida más abiertas por parte de estudios que publican herramientas para servidores privados muestran que existen distintos caminos técnicos y comerciales.
Más allá del desenlace, Stop Killing Games ya ha puesto la preservación del videojuego y la propiedad digital en el primer plano de la conversación pública. Si Europa fija nuevas reglas, el impacto se notará en la arquitectura online de los juegos, en los acuerdos de licencia y en las expectativas de los jugadores al pasar por caja. En una industria cada vez más conectada, la forma de apagar un juego puede ser tan relevante como la de encenderlo.